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Entrevista de Antonio Jiménez a Karina Beltrán Compartir en Facebook Meneame Twitter Imprimir

Fecha: 13/01/2010
Fuente: Fotografia en Canarias

Reproducimos la entrevista que también fue publicada en La Opinión de Tenerife la semana pasada

(c) José Luis Pérez Navarro

ANTONIO JIMÉNEZ PAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE No es necesario hablar con Karina Beltrán para descubrir que le apasiona la fotografía y todas las posibilidades que le brinda. Basta con acudir a cualquiera de sus exposiciones. La delicadeza de su mirada se nos revela como el sello de marca de toda su trayectoria, no menos como adivinamos el recorrido de un caracol a través de su baba. Karina Beltrán (Buenavista del Norte, 1968) reconoce que mucho de su esencia se lo debe a ser mujer de isla, asunto que admite haber descubierto en su ya prolongado periplo londinense, donde se dedicó entre otras cosas a ampliar sus estudios artísticos.

Hasta allí llegó casi ahuyentada, pero de allí regresa reconciliada. Su última exposición lleva por título "El hilo de los días"… Y precisamente tirando del hilo, tirando, uno llega a encontrarse con ella, que no es más que una forma de obligarnos a que cada uno se encuentre consigo mismo. Es así cómo la mirada de quien crea y la mirada de quien contempla conforman una sola mirada, una sola radiografía.
-Conociendo que primero hubo una Karina que empleaba acuarela y tintas y hoy una Karina fotógrafa, ¿qué es más fácil de vender, la pintura o la fotografía?
-Sin duda la pintura es mucho más fácil de vender… La figura del coleccionista de fotografía es bastante más reciente, sobre todo en España.
-¿Cómo ve con los años transcurridos esa primera etapa suya más pictórica?
-No reniego para nada de ella. Al contrario, fue una etapa que disfruté muchísimo. Se desarrolló en un tiempo hasta que llegó un momento en que ya no me apetecía pintar. Pero es curioso, cuando ahora miro hacia atrás en muchas de mis fotografías está esa pintura que hacía anteriormente. Es como seguir pintando pero con una herramienta diferente. En la fotografía que yo hago es muy importante el color, las texturas, la composición, la luz, etc. La utilización de veladuras, las mismas transparencias, guardan una estrecha relación con las acuarelas que hacía en la década de los 90. No es más que un mismo camino: miro mis fotografías y sigo viendo la esencia de mis acuarelas.
-¿Sea cual sea el momento creativo no es más que parte de un mismo proceso?
-Es que eso es lo que creo, que la creación es un proceso… Mientras tú sientas que tienes cosas que comunicar, emociones que tienes que sacar fuera, no es más que parte de un proceso constante, sea cual sea el método utilizado. Sólo dejaría de serlo en el momento en que ya no tienes nada que contar, o que ya no sientes esa necesidad de comunicar, de compartir. En ese caso la opción más honesta y válida sería abandonarlo todo, porque realmente no tienes nada que proponer. Y tampoco pasaría nada, porque continuar en esas circunstancias no sería más que un engaño, primero para contigo misma, luego para con los demás.
-¿El mundo, la realidad, se ve igual desde la fotografía que desde la pintura?
-No, para mí no se ve igual… De hecho, en mi caso coincidió con irme a vivir a Londres, que fue donde empecé a utilizar la fotografía. Porque Londres, dentro de los mundos posibles, es otro mundo en el que se vive vertiginosamente y donde tomas más consciencia de lo que es el tiempo y la fugacidad de los momentos. En ese contexto, en esa ciudad, empiezas a plantearte casi sin querer otro tipo de reflexiones, y vas descubriendo cómo pasa el tiempo en una ciudad donde se vive de manera más acelerada a como se puede vivir el tiempo por ejemplo aquí en Canarias, donde transcurre más lento y calmado… Ese cambio de vida tuvo mucho que ver con la elección de otro medio que no fuera la pintura.
-Por cierto, ¿qué fue lo que la llevó a Londres?
- Me llevó las ganas de vivir, la necesidad de cambiar radicalmente, de aprender otro idioma, de conocer otra gente, otro estilo de vida… Por supuesto que ya antes de irme definitivamente a Londres había estado varias veces, y siempre me pareció una ciudad alucinante con mucho que ofrecer para el que de verdad tuviera hambre de aprender, de vivir… Fue una necesidad personal más que nada.
-¿Y una vez instalada allí dio con esa Ítaca esperada?
-Sí, aunque ha sido una Ítaca que me ha aportado mucha felicidad, pero también momentos muy difíciles a nivel personal. Mi relación con esa ciudad, Londres, ha sido una relación de amor-odio, de temporadas maravillosas y otras en las que no quería más que regresar a las islas. Pero aún así esta experiencia de vida no la cambiaría por nada. Esa ciudad es la que me ha ayudado a formarme y a madurar. En este sentido se cumplió lo que esperaba.
-¿Hubiera sucedido lo mismo si en vez de ésa hubiese sido otra la ciudad elegida?
-Seguramente sí. Hubiera sucedido lo mismo, porque cuando abandonas el lugar en que has nacido y al que te atan muchas cosas creo que siempre se da ese sentimiento contrariado… Pero bueno, también es un sentimiento que lo considero muy necesario y estimulante, a veces insoportable pero también, qué duda cabe, muy enriquecedor.
-Once años en Londres se dice rápido. ¿Hay allí más posibilidades para una obra?
-Bueno, yo nunca he tenido esas expectativas de triunfo y de conseguir "colocarme", pero sí que a nivel creativo fue todo un bombazo. En Londres hice todo mi postgrado, un máster en Bellas Artes que cambió totalmente mi percepción de lo que es ser un creador y de cómo afrontarlo. Descubrí un sistema educativo totalmente diferente al que yo había conocido aquí en la Facultad de Bellas Artes de La Laguna…
-Cuente, cuente… ¿qué nuevos modos de aprendizaje descubrió allí?
-Para empezar tienes un estudio sólo para ti, y tus profesores simplemente te visitan y se interesan por tu proceso limitándose a darte pautas. Mientras, tú te centras en desarrollar tu línea de trabajo. No hay temas impuestos, sino que tus profesores te pueden recomendar lecturas, que mires a tal artista, que atiendas en filosofía a tal cosa, y eso me parecía alucinante. Es decir, no es que haya unos temas comunes sobre los que se tenga que trabajar, sino que el profesor se mete en tu mundo e intenta empujarte en tu camino, y eso sí que fue para mí superestimulante… Es lo que de verdad me hizo despegar y ser capaz de replantearme mi propio trabajo. De hecho fueron mis profesores los que me animaron a que empezara a utilizar la fotografía como medio de expresión y a recomendarme que dejara de lado la pintura, porque según ellos lo que yo hacía podía contarlo igual o mejor a través de la fotografía… Si te cuento la verdad, yo recuerdo que al principio me enfadé muchísimo, porque yo no acababa de entender por qué ellos pensaban que un cambio de medios y soportes era más positivo para la ejecución de mi obra. Pero cuando lo entendí y lo acepté, desde entonces, no he vuelto a pintar.
-¿Y no ha echado de menos la pintura en ningún momento?
-Si, y no descarto volver a ella en un futuro. Sobre todo echo de menos la golosina que es, esos momentos de recogimiento que requiere, ese otro tempo, de calma, de horas… Pero ahora mismo la pintura no me permitiría expresar lo que quiero y como quiero. La fotografía es más inmediata.
-Reconocido esto, ¿cuál diría que viene a ser el tema central de su obra?
-Gira en torno a lo que es la fugacidad, lo efímero, los mundos imaginados que no son los reales, lo intangible, lo que no se puede atrapar, moverte en esos territorios donde no sabes lo que es real o imaginario, lo etéreo… En mi última exposición, El hilo de los días, lo que me interesa es captar esos momentos de belleza que resultan inapresables, pero que igual por unos segundos te pertenecen. Son como momentos de sublimación. Si te fijas, El hilo de los días no viene a ser más que una búsqueda de esos momentos o imágenes que te permiten escapar y levantar los pies de tu día a día, de tu realidad: flotar, flotar, flotar… Desprenderte de muchas cosas para conseguir o por lo menos soñar con ese estado de incorporeidad, de ligereza.
-¿Qué sabe de sí misma? ¿Se considera una creadora humanamente frágil?
-Siempre me he movido entre fragilidades, pero también creo que es precisamente la fragilidad lo que te hace fuerte. Hoy por hoy, no me considero especialmente una mujer frágil, aunque también. He buceado y siempre he acabado saliendo a flote… Si no te hundes no puedes emerger, volver a la superficie.
-¿Sería esa una reflexión válida, aplicable a su propia obra?
-Sí… En el proceso creativo yo considero que los hundimientos son necesarios, las críticas y las autocríticas, y las crisis, y que es todo eso al final lo que te impulsa hacia adelante de alguna manera… ¡Si todo fuera un mar de calmas poca sugestión creativa me aportaría! Es necesario replantearse continuamente lo que estás haciendo.
-¿El hecho de ser mujer cree que aporta connotaciones particulares a su obra?
-Sí, y en mayúsculas. Además, los artistas que más me interesan son en su mayoría mujeres, y en fotografía hoy en día me parece y creo que las mujeres son las que llevan la voz cantante. Valgan como ejemplos Francesca Woodman, Graciela Iturbide, Cindy Shermam, etc… Muchas veces se me ha criticado que mi obra es muy femenina (críticas que en su mayoría provienen de hombres), y yo siempre he contestado a esto que por supuesto, que no puede ser masculina porque soy mujer. Pero me doy cuenta que cuando me lo dicen, utilizan el término "femenino" con un sentido peyorativo, y más que nada porque relacionan lo femenino con lo frágil, con algo "flojo".
-¿Cómo es posible que todavía alguien asocie la fragilidad al hecho de ser mujer?
-Es increíble, pero todavía es así… Lo que te puedo decir es que yo trabajo desde lo que siento, desde las tripas, más que desde la cabeza; y sí, desde la necesidad de comunicar al otro, de compartir emociones, sensaciones. En series anteriores he "buceado", podríamos llamarlo así, en la pérdida, la soledad, la necesidad de escapar, de despojarse de lo superfluo, de inventar, de habitar otros mundos acaso más gratificantes que éste que nos ha tocado vivir. Y creo que una de las principales funciones de la obra de arte es la de emocionar, sensibilizar, remover al espectador, la de plantear preguntas, más que desvelar... y también ayudar a "volar". Cada fotografía para mí es como un verso. Como decía Diane Arbus, "la fotografía es un secreto que habla de un secreto, cuanto más te dice, menos sabes", y es eso precisamente lo que más me interesa, como creadora y como espectadora, ese "secreto".
-Pero utiliza auténticos apuntalamientos para vertebrar sus proposiciones creativas, como es el caso por ejemplo de la literatura… ¿O me estoy equivocando?
-No te equivocas, no. La literatura es para mí una pasión, al igual que la fotografía, así que van a la par. Leo mucho y, mientras lo hago, lo que leo me sugiere ideas, imágenes, historias. A veces una simple frase, una cita, me dan pie para empezar una serie, o para continuar alguna que ya estaba fraguándose. Leer a Walser, su Escrito a Lápiz por ejemplo, me ayudó a acabar de darle forma a mi última exposición El hilo de los días, porque en ese libro Walser se interesa por las cosas sencillas, ordinarias, fugaces, miradas que se cruzan por casualidad. Como él decía: "No hace falta ver nada extraordinario. Ya es mucho lo que se ve".
-Pero en exposiciones anteriores también se percibe ese interés literario…
-También, sí. En obras anteriores podría mencionarte a Paul Auster y su Trilogía de Nueva York, o Pessoa y su Libro del desasosiego, no sé, tantos y tantos… Incluso ahora mismo estoy en los inicios de una nueva serie. Acabo de releer En el corazón del bosque de Djuna Barnes, y de "encontrar" varios poemas como La presa que se esconde de José Carlos Cataño, o El camino a través de los bosques de R.Kipling que me van sugiriendo, de alguna manera, la atmósfera, la temperatura de las futuras imágenes… Pero aún es pronto para hablar de sus resultados.
-Desde que decidió trasladarse a Londres, ¿ha cambiado su relación con las islas?
-Durante todos estos años no he echado de menos la luz de las islas. He venido bastantes veces, pero resultaba un encuentro no del todo satisfactorio, siempre quería irme de nuevo… Con el paso del tiempo me he ido reconciliando con las islas y podría decirte que en estos dos últimos años es todo un regalo cuando vuelvo: la luz, el paisaje, ese sentimiento de isla… En el fondo siempre queremos lo que no tenemos. Para que me entiendas: a mí siempre me han alucinado los cielos grises, y como hasta ahora los he tenido a diario allí, ya no; ahora me llaman muchísimo los cielos azules de las islas, los colores vivos de nuestro paisaje. Yo supongo que todo tiene que ver con tu estado anímico, que si necesitas de cielos grises es por algún motivo, y si de cielos despejados y azules intensos es por otro. Tras mi larga estancia en Londres es ahora cuando pienso que mucho de lo que soy es porque soy de isla. Ser de isla, a fin de cuentas, conforma tu personalidad, tu todo. Tarde o temprano te das cuenta de ello. Y de eso estoy cada vez más orgullosa.
-¿Recomienda la experiencia del viaje, salir fuera, como una experiencia enriquecedora para cualquier creador de las islas?
-Lo creo conveniente y lo recomiendo, salir de tu entorno, viajar, entre otras cosas porque lo desconocido resulta normalmente muy estimulante. Además visitar otros espacios, otras exposiciones, vivir otro tipo de experiencias resulta siempre muy positivo… Pero por encima de todo estoy convencida de que lo bueno para cualquier creador es que viva donde viva de lo que se trata es de no perder nunca la capacidad de asombro, la curiosidad, sea estando aquí o fuera de aquí.
-Ahora que regresa de Londres con más asiduidad, ¿nota a Canarias más evolucionada artísticamente? Descartando su comparación con Londres, claro…
-Resulta muy difícil hacer una comparación porque estamos hablando de una ciudad de millones de habitantes como Londres, donde pasan muchas cosas, con muchos centros de arte, galerías, museos, etc., y otro lugar mucho más pequeño como es Canarias. De todas formas, sí que noto una evolución en las islas, y el ejemplo más claro lo tenemos en el TEA, que está resultando muy estimulante para todos, para los artistas residentes en Canarias y para la ciudadanía en general. A nivel privado, de galerías, sí que la evolución es casi inexistente, supongo que como resultado de la falta de coleccionismo en las islas. Y en cuanto a exhibir fotografía, no veo que haya menos oportunidades. Tenerife, por ejemplo, ha apostado siempre por la fotografía. Mira, si no, la labor de Fotonoviembre
-¿Ha echado en falta apoyo institucional en algún momento de su trayectoria?
-Uno debe crear sin estar pendiente de las ayudas externas. Son dos mundos totalmente independientes para mí, separados, aunque el apoyo institucional a todos los ámbitos de la cultura debería ser mayor... He recibido ayudas, me han llamado para proyectos, no soy de las que están pendientes de solicitar esto y lo otro, pero la verdad que me he sentido apoyada, y últimamente cada vez más.
-¿Hacia dónde cree que se encamina su fotografía? En su caso, ¿la fotógrafa elige un horizonte o es la propia fotografía la que le impone un horizonte?
-No sé hacia dónde se encamina, o hacia dónde quiero encaminarla. Si supiera, si conociera el camino, igual no me interesaría seguirlo… Lo más estimulante es siempre la sorpresa, lo que te vas encontrando por ese camino. Como ya decía Kavafis, es el viaje, no el destino final. No hay horizontes definidos... Sí que me gustaría que fuera cada vez más reflejo directo de lo que estoy sintiendo, de mis emociones.

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